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¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE INCLUIR LAS DISIDENCIAS?

La lengua en disputa: Un debate sobre el lenguaje inclusivo. Beatriz Sarlo & Santiago Kalinowski. Godot Ediciones


18 diciembre, 2019

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE INCLUIR LAS DISIDENCIAS?

Este libro es el resultado de un debate que tuvo lugar en el marco de la octava Feria de Editores bajo el nombre La lengua en disputa.  El texto es la desgrabación corregida del intercambio que se dio  entre Beatriz Sarlo y Santiago Kalinowski.

Extiendo el diálogo que Beatriz Sarlo y Santiago Kalinowski entablaron en la Feria de Editores con mi propia voz, mis pensamientos, cuestionamientos y admiración hacia ellos en esta nota donde siento que ellxs dejaron un lugar importante para el lector; algo así como lo que decía Marcel Duchamp sobre la pintura y la obra de arte en general: “No creo en la pintura en sí. Todo cuadro está hecho no por el pintor, sino por lo sque lo miran y le conceden sus favores; dicho de otro modo, no existe pintor que se conozca a sí mismo o sepa lo que hace”, le escribía a Jean Crotti el 17 de agosto de 1852.

Además del placer de tener entre las manos “La lengua en disputa” por el libro como objeto de arte, donde la suavidad de la tapa –rosa con letras azules en relieve- acaricia nuestras manos, el diseño de interiores, a cargo de Víctor Malumián lo convierte en verdadero fetiche, con las fotos de hoja entera en alta definición, la calidad el papel, el tamaño de las letras, la espacialidad entre un capítulo y otro, hacen que la lectura se vuelva un placer desde la forma.

En cuanto al contenido es muy interesante el diálogo que Beatriz Sarlo y Santiago Kalinowski porque disparan, motivan una suerte de ideas, hipótesis, discusiones y aseveraciones en sus decires, que lejos de brindar una exposición cerrada y terminante, donde el saber baja en cascada, la conversación se configura en base a exposición de ideas en construcción, que no dejan inmune al lector. Cuando Santiago Kalinowski habla de “el modo de concebir la realidad entre lenguas diferentes”, está hablando de diferentes modos de construir realidades y éstas se construyen en base a la lengua. Quiero decir que, lo no dicho explícitamente por Santiago Kalinowski también forma parte de este texto que dialoga con nosotrxs. Su exposición resulta clara y con cierta direccionalidad, al decir que: “la lengua termina impactando en la manera en que ordenamos la sociedad”, entonces es hora de preguntarnos qué sociedad queremos, le contestaría a Santiago Kalinowski; y seguramente vamos a coincidir que queremos una sociedad más igualitaria, con respeto hacia las diferencias – que es lo único que todxs tenemos en común- y sin jerarquías –aunque suen utópico- donde todxs tengamos la mismas oportunidades de elección, por ejemplo. “En cualquier intento de modificar la realidad hay un componente lingüístico clave y central; hoy y siempre”, dice Santiago Kalinowski y pienso en varias cosas: En Ferdinand de Saussure cuando dice que la lengua está abierta y en movimiento, que la lengua muta, cambia, que no es una masa sólida e inamovible, como la Biblia podríamos decir nosotrxs. En los diálogos no hay genealogías teóricas, de estudios sobre el lenguaje neutro, como podría hacerlo Sasa Testa, quién desde el griego y el latín nos indica que el neutro ya estaba en la Edad Media, y otros saberes que aportan a la comprensión de “la lengua en disputa” pero que se trataría de otro capítulo, quizás complementario para el libro. Pienso en Rafael Echeverría y su teoría del lenguaje que abre o cierra, que crea oportunidades, mundos y realidades y en el ejemplo que da en “La ontología del lenguaje” cuando nos muestra la importancia de decir un “sí” o un “no” en el momento en que alguien está por contraer matrimonio. Después de aquellas palabras, descompuestas en apelas dos sílabas –para elegir una u otra- tan simples en su construcción –tan solo por dos letras- y lo que puede desencadenar pronunciar una de ellas, el mundo que se abre. Entonces, nos podemos preguntar: ¿Qué mundo se puede abrir para una persona trans que se la nombre como él o ella quiere que se la nombre, tal como se identifica?, y todo lo que implica identificarse con uno o varios géneros, o ese género específico que él o ella eligió o sintió, y todos los que deja por fuera, es decir a los que no quiere pertenecer, con los que no se identifica. Y qué pasaría si esto no sucede “por sostener una lengua establecida a la que no queremos cambiar porque queremos respetarla tal como la conocemos”. La respetuosidad en exceso lleva al fanatismo y todo fanatismo, creo, se transforma en una religión. La religión al igual que el ejército, decía Freud, no cuestionan, no abren, no permiten pensar; sino que cierran, obligan a que las cosas se hagan porque hay que hacerlas “porque es palabra santa y la biblia lo dice” o “porque es el régimen militar y se debe cumplir con la norma”. Si traemos al diálogo – y cada vez somos más- a Michael Foucault podemos ver con claridad, gracias a sus estudios, que lo que creemos como esencial no lo es, lo que es natural y “es”, se trata de una construcción humana que responde a determinados intereses políticos y sociales. Así Foucault nos muestra lo relativo que es considerar algo como enfermo o sano, ya que nos muestra que depende de múltiples factores. Que no hay nada que esencialmente sea sano o enfermo. Un ejemplo es el de la homosexualidad que estaba considerada una enfermedad hasta 1973, cuando la quitan del DSM3 Manual de Psiquiatría. Recordemos que el manual de psiquiatría no es divino, sino hecho por hombres, por psiquiatras que responden a un objetivo y es el de “normalizar” a las personas. Finalmente la homosexualidad dejó de considerarse una enfermedad y hoy se sabe que es una elección personal que nada tiene que ver con una patología. Es interesante ver en el discurso de Santiago Kalinowski, cuando su pensamiento se inclina a usar al lenguaje inclusivo como una forma de cambio, de transformar la realidad, lo basa en los derechos de las mujeres y el feminismo, pero no hace mención alguna a las disidencias sexuales.

Beatriz Sarlo, de acuerdo a mi lectura -y el libro sabemos que tiene tantas lecturas como lectores- es la que sale mal parada de la discusión al repetir axiomas lingüísticos acabados y obsoletos como: “La lengua es portadora histórica de casualidades y expresa una realidad”. Sabemos que la lengua no expresa nada, que la lengua crea realidades. Lacan escribió “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, donde muestra con claridad que no hay una única realidad; sino tantas realidades como sujetos y que éstas con construidas. Por lo tanto no se puede hablar de una única realidad.

En el capítulo donde Beatriz Sarlo tiene la palabra, dice sobre la lengua: “En algunos momentos somos dueños y en otros, la lengua, nos gobierna”- Y continúa diciendo-“¿Pero qué quiere decir ser plenamente dueños? Ser plenamente conscientes del contenido semántico, sintáctico, gramatical de lo que estamos diciendo. Pero es frecuente que seamos hablados por frases hechas”. Pero Sarlo desarrolla la fase donde somos dueños de la lengua y no donde las “frases hechas nos dominan”. Sería interesante desplegar esta instancia, que es la que en definitiva nos constituye, básicamente en un sistema heteronormativo por excelencia, donde se agrede al otro con la palabra ‘puto’ como si fuese un insulto, creyendo en una jerarquía de supererioridad del hombre heterosexual sobre el homosexual y/o trans. Creyendo en la superioridad del hombre sobre la mujer. Creyendo en la superioridad del hombre blanco por el negro. Del adulto sobre el menor. Son los discursos nacionales, donde se prioriza al hijo varón y macho para que sea útil a la patria, donde la primera novela argentina es “Amanda”, una historia de amor de un hombre con una mujer, sin dejar lugar para la diferencia. Son las publicidades, los medios de comunicación y muchos otros discursos los que moldean nuestra subjetividad, “las frases hechas por las que somos hablados” a la hora de repetir y reproducir un cis-tema heteropatriarcal-capitalista sin preguntarnos cuál es nuestro deseo. Son esas “frases hechas por las que somos hablados” que Sarlo no desarrolla en su discurso. No sabemos por qué no da el paso. Quizás ella misma lo diga al confundir “lo político” con “lo partidario”, o pegar uno con el otro, cuando dice: “No me molesta el riesgo, sino la imposición”. Nadie impone hablar o escribir en lenguaje inclusivo- yo lo hago desde hace 10 años escribiendo en el suplemento LGBTTIQ + SOY de Página 12-. Se trata de una elección, y no de una imposición, y no de una forma –snob- sino de contenido, porque al elegir no dejar afuera a las personas que no son mayorías, es una elección política y no partidaria. No hace falta pertenecer a determinado partido para respetar las elecciones sexuales, de género o impedir el maltrato a las mujeres, entre otras luchas políticas, -y no sociales como dice Sarlo confundiéndolo todo, justo ahí, donde ella es deportada por la izquierda y cuestionada por la derecha; o viceversa. No me meto con esta cuestión porque no es la base del libro, no es tema de mi expertise pero intuyo que es un punto ciego en Sarlo que no le permite avanzar con claridad en discernir que la lucha del lenguaje inclusivo, con todo lo que implica y construye el lenguaje, y la palabra, es una lucha política, porque en definitiva, de lo que estamos hablando es de derechos.

Sobre lxs autores:

Beatriz Sarlo. Empezó a trabajar en el Centro Editor de América Latina a fines de la década del sesenta. Entre 1972 y 1976 formó parte de la dirección de la revista Los Libros. Fue profesora de Literatura Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires desde la reapertura democrática hasta 2003. Dictó cursos en las universidades de Columbia, Berkeley, Maryland y Minnesota, fue fellow del Wilson Center en Washington y Simón Bolívar Professor of Latin American Studies en la Universidad de Cambridge.

Santiago Kalinowski. Licenciado y profesor en Letras, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Magíster en Lexicografía Hispánica, Escuela de Lexicografía Hispánica, Real Academia Española. Doctor en estudios hispánicos, Universidad de Western Ontario, Canadá. Director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y filológicas de la Academia Argentina de Letras. Sus áreas de trabajo son la lexicografía, la lingüística de corpus y la divulgación lingüística.

La lengua en disputa: Un debate sobre el lenguaje inclusivo. Beatriz Sarlo & Santiago Kalinowski. Godot Ediciones