RELACIÓN DE LOS DOCENTES CON UN ALUMNO ESPECIAL

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Tuvimos acceso al relato de un maestro integrador que padeció situaciones de violencias en un colegio privado de CABA durante el tiempo que trabajó en el mismo a través de una consultora. Las agresiones indirectas, ya que de las personales no quiere hablar para este medio, son las que vivenció por parte de la cúpula del colegio hacia sus alumnxs. En ningún caso, según este testimonio, fueron de manera consciente o intencional, pero estas acciones demuestran la falta de capacitación, información y tacto que tienen los docentes y la cúpula directiva en cuanto a la formación integral de las personas que los padres depositan en los colegios. “Lo peor, es que los docentes no tienen conciencia de lo que hacen, y cuando se los marcas no se dan cuenta. No caen. No pueden entender que un chico quiera teñirse el pelo de un color y que eso no está mal, que es parte de la diversidad. Todavía piensan como si estuviéramos bajo un régimen militar. Creo que es eso lo que tienen internalizadxs, adentro; y lo que este sistema, el educativo, al igual que el religioso y el militar, desarrolla y reproduce en su día a día, sin cuestionarse, sin avanzar en las diversidades y subjetividades de las personas”, dice el maestro integrador que nos deja su testimonio.

 

LOS DINOSAURIOS

En este tiempo que vengo trabajando junto a  X en el colegio vengo observando que las maestras no se adecuan al alumno que presenta dificultades. No tienen conciencia de la patología de  X y la niegan, tratándolo como un chico que finge, actúa y que las quiere manejar. Lo cual las posiciona en un lugar especular, donde ellas quedan a la altura del niño, en disputa y en pelea continua. Se percibe un fuerte rechazo por parte de ellas, sobre todo de Sta.  L, que le exige que haga los trabajos de clase y las tareas como si fuese un chico que está en su sano juicio. El nivel de exigencia, por parte de ellas, no es acorde a la patología de  X: Le exigen que trabaje durante todas las horas, sin entender que si X trabajó bien dos horas después está cansado y no puede seguir con las tareas (esto lo siguen leyendo como un manejo y un capricho del niño, sin entender la dimensión del caso, más bien subestimándolo).

No hay motivación alguna, por parte de las maestras, en especial de Sta.  L, para que  X realice algún ejercicio. Por el contrario, el enojo es constante, seguido de malos tratos con frases como “Hace lo que quieras. No te soporto más”. Esta es una frase típica de la Sta.  L para todo el grado desde que comienza la jornada. Su forma de ser es monárquica y de mal carácter. Los suele gritar permanentemente. En el recreo les dice que tienen que estar sentados. No escucha a ningún niñx, a pesar que X tienen una necesidad muy grande de hablar y ser escuchado. Volviendo a  X, no recibe contención por su parte, por el contrario, la hostilidad es muy fuerte y provoca mayor enojo. “A mi vos no me vas a manejar” es otra de las típicas frases de la Sta.  L, confrontando con  X y haciéndola enojar, en vez de ponerse en un lugar de contención o motivación. La Sta. Verónica llegó a decirle “X, estoy harta de tus caprichos, y sabes algo: Yo le tengo miedo a tus brotes”.  X es una persona que no provoca y no pelea con nadie. Tiene episodios, cada vez menos, y exabruptos cuando los mayores se empecinan en manejarlo y que él haga lo que ellos quieren, sin respetar los tiempos de él (que muchas veces, las más de las veces, tampoco coinciden con la flexibilidad que  X requiere, siendo el colegio un ámbito nortamativo rígido y estricto que no cuenta con la flexibilización requerida para este caso). La normatividad se puede observar en muchas ocasiones, por ejemplo cuando la Sta.  L los cambia de lugares, sin dejarlos elegir, sin dejarlos hablar, haciendo que se siente un varón y una nena, un varón y una nena; sin excepción. No aceptando la diversidad de cortes de cabello o colores en el mismo, pidiéndoles a los alumnos que llevan pelos de colores que se los tiñan del color que ella cree que es el correcto (o sea ningún color). Acá podemos ver como no motivan la creatividad ni respetan la libertad de los alumnos, ni su diversidad; sino y muy por el contrario, los tratan de homogeneizar a todos, tratándolos a todos por igual.

Las maestras se manejan con el paradigma de la dominación y es muy frecuente escucharlas decir que “no los podemos manejar”, por eso recurren a los gritos permanentemente creando un clima de hostilidad y sometimiento. Les envían tarea extra cuando “se portan mal”, haciendo que los alumnos relacionen la tarea con el castigo, en vez de motivarlos para que la tarea sea un placer.

Su metodología de trabajo es tan arcaica como el siglo pasado, manejándose con el adoctrinamiento y no con la escucha o el coaching como herramientas de gestión. En todo lo que va del año nunca dieron clase haciendo participar a los alumnos, no les permiten intercambiar conocimientos, todo el tiempo piden silencio. No hay propuestas de trabajo en equipo, tampoco dan clases con videos, historietas, puestas en escena, es decir,  manejándose con herramientas contemporáneas. El control y el reto (a través de los gritos) parecieran ser la única herramienta que conocen para desempeñar su rol.  Con claridad se puede observar su imposición hacia los alumnos a través de gritos constantes para que ellos puedan captar su atención. Esto es el indicador que la metodología actual del trabajo docente no funciona, para ningún alumne, y en especial para  X, quien tiene que padecer este sistema que sin recibir ayuda sino sanciones constantes.

El tema de la diversidad lo dejamos para otro encuentro. Podemos anticipar una escena, donde un maestro integrador vio charlando a la Sta. R con un alumno, fuera del aula. Después, la Seño R, le contó al maestro integrador que su alumno le había contado que le gustaban los hombres. Lo primero que ella quiso hacer es citar a los padres para contarles lo que el alumno le había confiado, evidentemente porque no sabía cómo manejar el tema lo iba a transferir sin ninguna gestión. Después, ante la sugerencia del maestro integrador de guardar la confianza que el alumno había depositado en ella, la Sta. R empezó a decir que seguramente se trataba de una mentira de su alumno porque era muy perverso, porque tenía una mirada muy fuerte… Este es el grado de formación que solemos tener en los colegios públicos y privados. Say No More.

Autor: Rodolfo Soto

Periodista

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