“DEVINIENDO TATO”: UNA OBRA IMPERDIBLE

14 de marzo, 2021

LA ALFOMBRA MÁGICA DE PAVLOVSKY

Los unipersonales suelen ser difíciles, tanto para el/la actor/actriz que lo encarna así como para lxs espectadores. Difíciles en el sentido de transitar. Suelen volverse monótonos, largos y aburridos. Pero este no es el caso en “Deveniendo Tato” donde la actuación de Maximiliano Sarramone es lo que podría decirse: se asemeja a la perfección.

Bajo la dirección precisa y maestra de Gabriela Villalonga (“Ensoñada” de su autoría y bajó su dirección, la obra es declarada como de interés cultural por el Honorable Consejo Deliberante de Ensenada y recibe la distinción “Ensenada de Barragán” del Municipio); la pieza que Gabriela Villalonga y Rodrigo Cárdenas escribieron a modo de homenaje y reconocimiento a todo lo vivido y trabajado con Eduardo Tato Pavlovsky, en tanto pacientes, en sus sesiones grupales de psicodrama.

En escena se recrea el consultorio de Tato Pavlovsky. Una alfombra donde se distribuyen en círculo siete almohadones, uno para cada paciente y otro para el terapeuta. Los personajes que son los pacientes intervinientes en la sesión grupal, tanto como el terapeuta de la misma, son interpretados por un solo actor. En escena, cambia de lugar para encarnar a su tiempo, a cada uno de los personajes que habitan la escena en simultáneo. Los cambios repentinos de personajes muestran la ductilidad y el nivel de disociación del actor (Maximiliano Sarramone que con maestría va y viene de un personaje a otro, logrando que lxs espectadorxs imaginen –tal como al comienzo de la obra Tato lo pide “imaginen lo que yo estoy imaginando”, dice- la sesión grupal que se lleva a cabo en la alfombra mágica del escenario. Los personajes (pacientes) se mueven con dinamismo y soltura, pudiendo diferenciar a cada uno con  características específicas que le da su identidad.

Las delicadas notas de un piano y los efectos sonoros, de Martín Pavlovsky, acompañados con las luces precisas, de Gabriel Virtuoso, que siguen a cada personaje cuando levantan la mano para poder “multiplicar la escena” están elegidas y llevadas a escena con la exquisitez que solamente tienen las obras de teatro que alcanzan el máximo de su esplendor.

“Yo siempre digo que el patrón original, novedoso, que me incitó a trabajar en grupo no cambió mucho desde aquella época de lo que yo sentía con los niños: descubrir cuál es el espacio lúdico del hombre maduro. Por supuesto que una persona que se analizó tanto tiempo, por eso que mis libros se llaman Psicodrama psicoanalítico”, dijo Pavlovsky en un reportaje y con magnificencia se aprecia esto a lo largo de toda la obra, con toques exquisitos de humor, como por ejemplo cuando “multiplican la escena del hospital y la operación”, dando lugar a que las vísceras del cuerpo sean arrojadas al vacío, o cuando Pavlovsky pregunta pero no espera respuesta, un gag original, sutil y divertido que queda resondando y produciendo sentido en lxs espectadorxs.

El texto trabajado de manera poética, con teatralidad y solidez sorprende, tanto como las sesiones de Pavlovsky sorprendían a sus pacientes en grupo.

Con una escenografía minimalista pero contundente: una alfombra, almohadones y los zapatos de lxs pacientes a un costado, crea una atmósfera que no necesita palabras para cobrar sentidos que se van reproduciendo y multiplicando a medida que la obra se va desarrollando, hasta que termina (en el tiempo justo, sin arrebatos y sin letargos que suelen traer las series de Netflix cuando incrementan una y otra temporada). Es sobre el final, cuando la teoría de Pavolvsky con notas de Kesselman, Foucualt, y Deleze, se despliega sintetizada, clara y poética resumiendo y explicando el vanguardista método de Pavolvsky, anticipando que será la técnica del futuro; y es en ese momento en que su vigencia recobra todo el vigor y el interés para el público “psi” que no debe dejar de ver esta obra, para disfrutarla como obra de teatro, pero también para pensar y repensar su práxis, recordando los potentes aportes del psicodrama como una técnica “psi” que esté o no de moda, no deja de producir efectos terapéuticos, semánticos y poéticos en todx persona que pase por esa experiencia. Y la actuación de Maximiliano Sarramone, bajo el diseño y entrenamiento del lenguaje corporal deSilvia Spinelli, vuelve a desplegarse con el brillo que solo tienen los grandes actores. Por Facu Soto


Deveniendo Tato: “Una obra sin desperdicios que combina teatralidad con psicodrama, multiplicando sentidos y acercándose a la perfección”.

Funciones: domingos a las 18.30 hs

Dónde: Nün Teatro Bar

Dirección: Juan Ramirez de Velazco 419, Villa Crespo

Entradas: $650 ó 2 entradas x $1000

Informes y reservas: 4854-2107

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