Crianzas libres en la Feria del Libro 2019

El sábado a la tarde, la periodista Gabriela Borelli presentó en el marco del stand Orgullo y Prejuicio a Facu Soto, periodista, escritor LGBTTIQ y psicólogo con perspectiva de género junto a la escritorx i Acevedo, que antes firmaba sus libros como Inés Acevedo, dado que se encuentra en un proceso de transición de género para que leyeran y realizaran un conversatorio con el público acerca de lo que son hoy las crianzas libres. Acá reproduciremos parte del texto que leyó Facu Soto.

CRIANZAS LIBRES

Cambiaste de sexo y de dios, de color y de fronteras.

Pero en sí, nada más cambiará…

(Viernes 3 AM, Charly García)

Cambiar. Transformarse. Dejar de ser el que es, para ser otro. Algo que queda atrás. Algo que se quiere olvidar. Ser padre puede ser resignificar el propio lugar de unx, dejar de ser (en parte) hijx para ser padre. Pero ¿Qué es ser padre? ¿Desear dejar de ser hijx? ¿Qué pasa cuando ese lugar, idealizado y romantizado, que se intenta ocupar es distinto al idealizado? Dicen que la realidad siempre supera la ficción.

¿Y si la crianza de nuestrxs hijxs es con absoluta libertad y ellxs, quizás con el afán de diferenciarse de sus xadres dan un paso atrás y se caracterizan por la discriminación y el bulling (por parte de lxs hijxs a lxs padres que no lxs aceptan porque no son hegemónicxs y no cumplen con la heteronorma, en el afán de querer pertenecer al sistema dominante, siguiendo la lógica falocéntrica/ heteronormativa?

¿Es parte de la cultura LGBTTIQ querer, desear, tener hijxs; o es propio de la cultura heterosexual y un semblante (una fotocopia de mala calidad) que los putos, tortas, travas y demás disidentes de la norma copiarnos del modelo hegemónico para pertenecer y así tener o adoptar hijxs?

En algún lugar leí el axioma “Hay machismo cuando no hay padre” y es interesante pensarlo si consideramos al maltrato infantil e incluso al abuso. Cuando éste se posibilita, es porque hay ausencia, ausencia de padre. Y definimos al padre como un lugar simbólico que va más allá de su género que cuida, protege, permite que su hijx ponga en palabras los días felices y también aquellos que no puede significar porque le producen tristeza o angustia.

¿Hijxs para garantizar la supervivencia de la especie? ¿De esta fucking especie? ¿O por narcisismo para vernos como en un espejo o en una fotocopia de baja calidad nosotrxs mismxs? (El narcisismo ahí presente). O peor aún, para satisfacer los deseos de nuestrxs padres que quieren ser abuelxs.

Debe de haber tantxs xadres como xadres hay pero pocos, creo, son lxs que se preguntan si realmente quieren serlo (y cómo) evitando la xaternidad heredada.

Son muchas las preguntas y pocas las respuestas; por suerte…

Las “familias”, quizás mal llamadas familias por el lugar a donde nos remite este concepto arcaico: a la Iglesia y a la heterosexualidad obligatoria, homopalentales no necesariamente estamos a favor del matrimonio y la monogamia.

Una tarde, en la casa de Pedro Lemebel, él me dijo susurrándome al oído: “Mi niña, los hombres no aman a las mujeres, los hombres aman a otros hombres” y me despidió con un beso y un abrazo. Apenas podía hablar. Al poco tiempo murió.

Cuando escribí el guion de ese encuentro y un historietista lo creo en cuadros gráficos lo presentamos a un site de “Historietas LGBTTIQ”, pero el editor, envuelto en su política que ser “políticamente correcto en lo incorrecto” no quiso publicar la historieta, argumentando que era misógino. Claramente, esta persona no había entendido nada. Rebotaba historietas como pelotas de tenis contra el frontón.

“Amar: amar sólo se puede amar a los varones” es un axioma que circula en la vieja obra del viejo Freud, está en su texto “Degradación de la vida erótica”. Algunos interpretadores de su obra, como si se tratara de la Biblia, escribieron: “Si el varón (como si hubiese un solo tipo de varón y no varones o posiciones que puedan ser ocupadas por distintas personas) si el varón no puede amar donde desea, desea donde no ama. Así se clarifica el deseo y el amor en su separación, lo que nos llevaría a otro tema, incluso al de amar a sus hijxs porque no se los desea (sexualmente hablando, claro). Pero el viejo (Freud) no se queda atrás cuando dice que, para los varones, las condiciones del amor son homoeróticas al decir: Quién ama a alguien lo ama como varón. Después, las interpretaciones se van al carajo, como siempre, y terminan diciendo que el amor es masculino y el deseo femenino; y otra vez caen en lo binario, estructurado en la lógica fálica que termina siendo heteronormativa.

En definitiva se está hablando implícitamente de la heterosexualidad obligatoria como fenómeno y como ideología hegemónica a la que se aspira, incluso a inducir a sus pacientes en ella “para que sufran menos”.

La omisión de la existencia lesbiana y gay (excepto como exótica y perversa) en los discursos políticos, pero también en el arte, la literatura, el cine; la idealización del idilio heterosexual y del matrimonio en la televisión, son algunas formas, bastantes obvias, de obligar a las mujeres y hombres a que se casen y tengan hijos. Entonces se entiende así a las homosexualidades, que incluye a las personas trans y travestis, a crear una lógica por fuera de esta heteronormatividad asfixiante y obligatoria.

Entonces la pregunta se repite ¿Por qué construyendo una vida gay, torta o travesti, tener hijxs? ¿Algo no se terminó de de-construir y todavía buscamos movernos en espejo en algo que nos haga ser o parecer normales (normales en tanto soldados de la ley que cumplen todos, para entrar dentro de la campana o Curva de Gauss). Aunque muchxs preferimos seguir siendo queer, es decir, raros, anormales, tortas, putos, trans, travestis. Y dentro de esa anormalidad también podría existir el deseo de tener hijxs, pero habría que escalecer primero para qué querer tener hijos? ¿Para la satisfacción de unx? ¿Para perpetuarnos a través de sucesores que lleven nuestra sangre? ¿Adoptando y haciendo algo por el otrx? Habrá tantos xadres como hijxs, supongo…

Cuando las mujeres, como objetos del apetito sexual, carentes de contexto emocional o subjetividad individual pasan a ser una mercancía para ser consumida por hombres. ¿Por qué, a pesar de ese placer encontrado en ellas se acaba o se simula acabar al casarse y tener hijos? ¿Qué lógica está operando ahí? ¿No es la de la reproducción heteronormada, y no cuestionada, la que hace estragos? ¿Qué papel juega la culpa y el camino a seguir que se enseña por todos lados? ¿Qué lugar tienen las religiones y sus preceptos morales en imponer una buena forma de movernos en el mundo y perpetrar seres?

Es muy loco, todavía, ver cómo el discurso heteronormativo dice y muestra en actos que la sumisión (impuesta por ellxs) y la crueldad heterosexual son «normales» y condición para una sexualidad heterosexual; mientras que la sexualidad entre mujeres, o entre hombres, que incluye reciprocidad erótica y respeto son consideradas “a-normales”, “perversas”, “retorcidas” o “insanas”, tal como siguen considerándolas el psicoanálisis en las instituciones reinantes; a pesar de existir la Ley de Matrimonio Igualitario y La Ley de Género.

Unx xadre lesbiana o un padre gay, que oculta su lesbianismo u homosexualidad en su trabajo o a sus hijxs, a causa de los prejuicios heterosexistas, no sólo está forzadx a negar la verdad de sus relaciones fuera del trabajo o negar su vida privada, como si fuese un pecado o algo malo, sino que su trabajo y su xaternidad depende de su aparentar ser, no sólo heterosexual, sino una mujer o un hombre heterosexual, en términos de vestirse y representar el papel diferencial requerido de la «verdadera» mujer o el “hombre que se espera que sea para ocupar el lugar de padre”. ¿Qué pasa cuando no se cumplen con estos estereotipos del que nos cargan creando expectativas y proyectando sus propias inseguridades, prejuicios e ignorancia?

La heterosexualidad nos muestra «la opción sexual mayoritaria de las mujeres y hombres normales, bien formados, con buena educación y apropiada», y nos devela que en realidad se trata de una institución política y cohercitiva.

El postulado: “Dos hombres no pueden ser padres” está sustentado en un viejo paradigma biologisista que se emparenta con el discurso dogmático- religioso: «Biológicamente, los hombres sólo tienen una orientación innata —ésta es sexual y dirigida hacia las mujeres— mientras que, por otro lado, las mujeres tienen dos orientaciones, una sexual y otra reproductiva, dirigida a la procreación de sus hijos». Mi propuesta es ser consciente de ello.

Así, lo que queda por fuera de lo “heterosexual-normativizante” se califica de impuro y repugnante, no de forma natural sino socialmente transmitido o se la hace simplemente invisible.

Las mujeres, o mejor dicho, la institución de la heterosexualidad en sí misma, como terreno de conquista del dominio masculino (dado que las lesbianas no entrarían dentro de la categoría mujeres; pero ese es otro tema) está difundido y propiciado por el psiconálisis con la fábula y metáfora de “La horda primitiva”, diciendo implícitamente, y verificándolo en los actos, que las mujeres «elegirían» la pareja hombre y el matrimonio heterosexual.

Así vemos como la heterosexualidad obligatoria desde lo institucional nos deja hijos, o el mandato de tener hijos; sobre todo varones, masculinos y que sean útiles a la Patria, para poder seguir reproduciendo este sistema asfixiante y capitalista de reproducción en serie, donde el pensamiento y el deseo (perverso y polimorfo) queda afuera del dictamen a seguir. Claramente estamos hablando de una situación de poder (abuso de poder) y opresión. Pero también de grietas al descubrir este sistema y de posibilidades de resistencia y acción.

Las razones económicas que conducen a la heterosexualidad y al matrimonio y a (las sanciones impuestas contra las solteras y viudas —las cuales han sido y aún son vistas como desviadas—, lesbianas o gays) dejan ver los dictados hegemónicos masculinos sobre la salud física y mental de la mujer (y las sexualidades disidentes) donde no se examinan los aspectos económicos de la imposición de la heterosexualidad y sus intereses.

Lo heterocéntrico, salta a la luz, construye el concepto de heterosexualidad obligatoria y con él del de familia e hijos; es decir el de la familia tal como la conocemos hegemónicamente, practicando un terrorismo no explícito, donde se pueden ver, claramente, sus efectos y estragos.

Pareciera ser que las orientaciones sexuales como las transiciones de géneros van más allá de su cuestión en sí misma, sino que transita en el sentido de una resistencia y lucha contra la opresión para cambiar nuestra condición, ya que una historia de opresión nos pre existe. Sino, pensemos desde cuando los gays y tortas tenemos igualdad de derecho, con respecto a los hetersexuales, para casarnos o incluso para parecernos a ellxs al tener o adoptar hijxs.

La clave, quizás, sería el concepto, la palabra llave “Aceptar”. Aceptar. Aceptar. Aceptar. Aceptar.