Batato Barea: Un artista de historietas y una mirada inspiradora de los 80s

Acaba de salir Historietas obvias, los cómics inéditos de Batato Barea, por la editorial Milena Caserola. Si bien el libro es una edición de lujo, como si fuese una caja de sorpresas, donde cada tira cómica es un placer para el cuerpo y el intelecto; ya son… muchos los libros que rescatan a los autores de los 80s, y los que hablan sobre la movida de aquellos tiempos, donde la bisagra fue el pasaje de la dictadura militar al esplendor de la democracia, donde todo era alegría, liberación, desparpajo, creatividad; bueno, no todo. Curiosamente, en esa época, en los albores de la democracia, con Alfonsín como presidente electo, seguían vigente los edictos policiales y la persecución a los gays era más fuerte que en la época del proceso militar. El Monseñor Quarraccino había propuesto crear una isla para albergar a gays y lesbianas, con el objetivo de mantener a las personas con disidencias sexuales, no hegemónicas, apartadas del resto de la población, como si fuésemos leprosos o la elección sexual fuese una enfermedad que contagiaba. Pero, las obras de teatro, sobre todo el en Parakultural, en el Centro Ricardo Rojas, algunos sketch en El Dorado, El Moroco, más tarde en La age of comunication, Gaia (ex Bolivia), etc. generaban espacios, consumidores de arte y artistas que, claramente, venían con otra propuesta para darnos.

Frente a la pregunta si estamos frente a una nostalgia por los tiempos que ya no están y esto no nos permite avanzar creativamente, o sufrimos una incapacidad creativa y por eso miramos a los 80s, es volver a la vieja paradoja del huevo o la gallina. Un análisis crítico, desde la experiencia de haber participado como espectador en shows de Don Cornelio y la zona, Los Pillos, El Corte, Los Visitantes, Los Encargados, Virus, Soda Stereo, Sumo, y haber visto Mamita querida, con Urdapilleta y Tortonese, entre otros espectáculos, más la lectura de textos representativos de la época como Peregrinaciones profanas de Fernando Noy o San Batato, también de La Noy, 1988, el fin de una ilusión de Martín Zaniello, El otro Omar Chabán-Cuando el arte ataque de Christian Sánchez, Ariel Panella y Miguel A. Sánchez, El paladín de la libertad de Juanjo Carmona, Corazones en llamas: Historias del rock argentino en los 80s de Laura Ramos y Cynthia Lejbowicz, Rockeando de Martín Ciccioli, El rock perdido: De los hippies a la cultura chabona de Sergio Marchi, Diarios íntimos de Andrés Calamaro, entre otros, se puede llegar al razonamiento que fue mucho y muy intenso todo lo que se hizo en la década de principios de los 80s y 90s. Muchas obras que todavía hoy son fuente de inspiración y goce para el espectador, desde canciones, obras de teatro, performances, literatura, etc. Además, por la enorme cantidad de producción, revisar lo que se hizo, no hace mucho, no solo puede ser fuente de placer sino también conocer obras que, dada la cantidad de producción que se realizaba en la época, era imposible conocer todo lo que se hacía.

Además, como dice Charly (García) haber tenido un enemigo claro y definido, como fueron los militares, posibilitó desarrollar la creatividad para decir lo que de otro modo no se podía contar, si no fuese a través de metáforas, por ejemplo. Y al abrirse las compuertas de la libertad, con la salida de la revista Libre, donde el mismo Charly apareció en la tapa desnudo, sentado en un inodoro, se podía decir todo lo que no se había dicho antes, se podían utilizar todas los métodos, estilos y procedimientos que no había censura. Así, lo kitsch tuvo su lugar, al igual que la parodia y el humor mezclados o entrelazados. ¿Por qué no mirar al pasado para gozar y seguir construyendo el futuro? ¿Por qué una cosa tendría que detener la otra? ¿Una mirada nostálgica y melancólica tendría que ser negativa? ¿Por qué no podría ser motor para seguir creando obras con desenfado y libertad en tiempos donde la opresión mundial, desde Bolsonaro y Donald Trump en adelante, quieren volver atrás los derechos ganados para respetar las diferencias y los derechos humanos, tratando de volver a las personas un ejército de muñecos iguales e indiferenciables, manipulables, fuertes e irracionales, violentos y bien definidos según el paradigma de lo que ellos creen que es hombre y ser mujer; siempre al beneficio de sus intereses económicos y de clase. Entonces, ¿por qué no disfrutar en paz una mirada al arte de los 80s que tan felices nos hicieron y del que tanto podemos aprender e inspirarnos para seguir creciendo y haciendo cosas?

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